A su turno, Del Frade señaló que "después de recorrer el pabellón de reparos, el de ofensores sexuales y la cocina del penal, tenemos la certeza de que las cárceles no pueden rehabilitar a nadie y que, al contrario, degradan y humillan a cualquier persona, cualquiera haya sido el delito cometido. Porque una cosa es la justicia y las condenas por los delitos cometidos y otra distinta es una forma de venganza cotidiana que tiende a la eliminación de la dignidad. Celdas sin electricidad, húmedas, sin agua ni retretes son la geografía cotidiana en la que las personas detenidas quedan muy lejos del texto constitucional que promete la mencionada resocialización".