La sensación de inestabilidad, náuseas o pérdida del equilibrio es una de las consultas más frecuentes en consultorios médicos y kinesiológicos. Sin embargo, no siempre se trata del mismo cuadro.
El kinesiólogo y fisioterapeuta Franco Espíndola explicó cuáles son las sensaciones que permiten identificar cada cuadro y qué síntomas deben encender señales de alerta.

La sensación de inestabilidad, náuseas o pérdida del equilibrio es una de las consultas más frecuentes en consultorios médicos y kinesiológicos. Sin embargo, no siempre se trata del mismo cuadro.
El fisioterapeuta y kinesiólogo Franco Espíndola, especialista en rehabilitación vestibular, explicó que distinguir entre mareo y vértigo es fundamental para recibir el tratamiento adecuado y evitar que el problema se prolongue o afecte la calidad de vida.
“La diferencia es que el vértigo es una sensación en la que la persona siente que está girando o que su entorno está girando”, señaló. En cambio, aclaró que “el mareo es una sensación general de malestar, de inestabilidad, como cuando baja la presión, pero sin esa percepción de movimiento”.
Espíndola detalló que el vértigo no es una única patología, sino que se clasifica según su origen. “Dividimos los vértigos en dos grandes grupos: los de origen central y los de origen periférico”, explicó. Los primeros se relacionan con el sistema nervioso central, mientras que los segundos tienen su causa en el oído interno, encargado de regular el equilibrio.
Entre los más frecuentes en el consultorio mencionó la neuritis vestibular, el síndrome de Ménière y el vértigo paroxístico benigno (VPPV). Sobre este último, precisó: “Dentro del oído interno tenemos unas piedritas llamadas otolitos. Cuando se desprenden y se van a un lugar donde no deberían estar, generan esa sensación intensa de vértigo”.
Uno de los problemas más habituales, según el especialista, es el subdiagnóstico. “Mucha gente se siente mareada, pero en realidad tiene vértigo y no lo sabe. Entonces empieza a evitar movimientos, se aísla y eso empeora el cuadro”, advirtió.
El kinesiólogo recomendó buscar ayuda profesional cuando aparecen síntomas claros: “Si una persona se levanta de la cama y siente que todo gira, o está cocinando y de repente tiene esa sensación rotatoria, lo ideal es consultar con un otorrinolaringólogo, un neurólogo o venir al consultorio”.
Respecto al tratamiento, Espíndola remarcó que la medicación no siempre es suficiente. “La medicación puede ayudar a atenuar los síntomas, pero como el VPPV es un problema de origen mecánico, hay que corregirlo con movimiento”, explicó. En los consultorios se realizan maniobras específicas para reposicionar los otolitos y ejercicios de habituación para que el paciente recupere el equilibrio.
Además, insistió en la importancia de no inmovilizarse por miedo: “Lo que no tenemos que hacer es quedarnos quietos. Nuestro sistema necesita estímulos. Si no nos movemos, después es muy difícil que vuelva a funcionar bien”.
Si bien muchos vértigos periféricos se resuelven en pocas sesiones, el especialista alertó sobre síntomas que requieren atención inmediata. “Cuando el mareo es constante y se acompaña de debilidad en brazos o piernas, dificultad para hablar u otros signos neurológicos, pueden ser vértigos de origen central y hay que consultar de urgencia”, subrayó.
Finalmente, Espíndola destacó que el vértigo puede afectar a personas de todas las edades. “Antes se veía más en adultos mayores, pero hoy hay mucha gente joven, posiblemente por el estrés y el ritmo de vida actual”, concluyó, y dejó un mensaje claro: detectar a tiempo la diferencia entre mareo y vértigo es clave para una recuperación rápida y segura.




