La insistencia de Gallardo fue clave. Hacía tiempo que lo venía observando y lo tenía en sus planes. Cuando vio -y decidió- que su lugar en el mundo era River, que tenía un presidente que lo iba a apoyar siempre y el respaldo unánime de la gente, naturalmente sustentado por los éxitos deportivos que lo llevaron a convertirse en el entrenador más exitoso de su historia, Gallardo elaboró su propio plan: atender a las necesidades económicas de su institución (no tan "millonaria" como su apodo lo indica) y apuntar a aquéllos jugadores jóvenes con proyección.



































