El llanto de una de sus hermanas, la emoción de sus hijos, algunas lágrimas derramadas por sus amigos de la infancia cuando jugaban en Guadalupe Juniors, el reconocimiento del "Choclo" Regenhardt, cuando lo recordó diciendo que "a Leopoldo empecé a verlo gritando sus goles cuando iba a la tribuna como hincha, después fui compañero en el '75 y me dirigió cuando yo volví de España. Así que al amigo lo disfruté en todas las facetas". José Chaparro, el presidente del club Mayoraz tampoco pudo contener su emoción y estaba feliz, no sólo por la gran convocatoria sino también porque en el club -su club- iba a quedar el testimonio eterno de uno de los grandes jugadores de fútbol que dio la ciudad de Santa Fe, surgido de sus barrios y que llegó a lo máximo que puede aspirar un futbolista: ser campeón del mundo.


































