Va a ser muy difícil, pero muy difícil, que Unión vuelva a tener un partido en el que cree tantas situaciones de gol y las desperdicie a todas. Ojalá sobren los partidos en los que abunden las chances, pero también es un deber que esas oportunidades se puedan aprovechar y no se malogren. Sólo por eso, por la falta de contundencia, por la brillante actuación de Facundo Altamirano (el arquero de Patronato) y por cierta impericia a la hora de definir, es que no estamos hablando de una victoria por la que Unión hizo mucho por lograrla, salvo el gol. Y menos mal que contó con dos atajadas estupendas de Santiago Mele, en dos mano a mano que lo salvaron a Unión de una caida. Porque el fútbol es así: goles que se erran en el arco de enfrente, se sufren en el propio. Tan viejo como el fútbol mismo. Y a Unión estuvo cerca de pasarle, lo cuál se habría constituido en una flagrante injusticia.





































