El fenómeno El Niño ya está instalado y tendrá una intensidad importante, con una evolución que, según la especialista en agroclimatología Stella Carballo, se profundizará durante la primavera.
La especialista en agroclimatología Stella Carballo analizó el escenario climático durante una jornada realizada en la Sociedad Rural de Santa Fe y sostuvo que el fenómeno tendrá características similares a los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16. Recomendó monitorear ríos, lagunas y napas, anticipar el movimiento de la hacienda y adaptar las decisiones productivas a un contexto de mayor humedad.

El fenómeno El Niño ya está instalado y tendrá una intensidad importante, con una evolución que, según la especialista en agroclimatología Stella Carballo, se profundizará durante la primavera.
Así lo explicó durante su participación en la jornada “Nuevas tecnologías ganaderas y un clima incierto”, organizada por la Sociedad Rural de Santa Fe, donde analizó las perspectivas para la campaña 2026/2027 y brindó recomendaciones al sector productivo.
Carballo señaló que el fenómeno presenta características que permiten compararlo con algunos de los episodios más importantes registrados en las últimas décadas. “Este Niño va a tener las características del Niño 82-83, 97-98 y 2015-2016 en cuanto a su intensidad y gravedad”, sostuvo en diálogo con El Litoral.
La especialista aclaró que esto no significa que necesariamente se repitan los mismos lugares afectados, ya que uno de los aspectos característicos de estos eventos es la variabilidad espacial de las precipitaciones.
En distintos episodios, explicó, se registraron lluvias extraordinarias en diferentes puntos de la región, con consecuencias tanto para las poblaciones ribereñas como para las actividades agropecuarias.
Uno de los principales mensajes de Carballo durante la jornada fue la necesidad de anticiparse al escenario climático y realizar un seguimiento permanente de las distintas variables que pueden determinar el impacto sobre la producción.
La especialista recordó que durante episodios anteriores se produjeron incrementos importantes en los niveles del río Paraná, evacuaciones de personas y animales y lluvias de gran volumen, tanto en sectores localizados como en extensas áreas productivas.
“Cuando esas lluvias se hacen generalizadas y ocupan una gran extensión territorial, también produjeron problemas de saturación, falta de piso y anegamiento en las partes altas donde se realiza producción agropecuaria”, explicó.
Como ejemplo mencionó lo ocurrido durante el fenómeno 2015-2016, cuando los niveles de las napas llegaron prácticamente a la superficie en algunas zonas. Las consecuencias fueron dificultades para movilizar animales, caminos intransitables y complicaciones para retirar la producción.
“Los camiones se encajaban, no se podía sacar la producción lechera, así que realmente hay que tener una vigilancia concreta”, señaló.
En ese sentido, planteó la necesidad de observar no solamente los niveles de los grandes cursos de agua, lagunas y canales, sino también la evolución de las napas freáticas, un indicador que puede anticipar la pérdida de capacidad de absorción de los suelos.
Carballo explicó que actualmente las napas todavía presentan cierto margen para absorber nuevos aportes de agua, luego de varios períodos asociados a condiciones de La Niña. Sin embargo, advirtió que esa situación puede modificarse si las lluvias aumentan en volumen, intensidad y frecuencia.
La especialista también hizo especial hincapié en la situación de los productores ganaderos que utilizan las islas y zonas bajas. En esos casos, recomendó realizar un seguimiento permanente de los niveles y volúmenes de los ríos para evitar que el retiro de los animales se convierta en una decisión de emergencia.
“Hay que estar observando los niveles que va adquiriendo el río, los volúmenes que está transportando y, cuando llegamos a niveles que no son de desborde pero sí críticos, empezar con tiempo las tareas de retiro de animales”, explicó.
La planificación también deberá alcanzar a la agricultura. Carballo consideró que el escenario previsto obliga a modificar algunos criterios utilizados durante los últimos años, especialmente aquellos vinculados con la elección de materiales y variedades.
“Todo tiene que cambiar en nuestra mente, porque es otro el panorama por el que vamos a transitar”, afirmó.
Según explicó, durante los períodos dominados por condiciones de calor y falta de lluvias, los productores tendieron a priorizar variedades rústicas y capaces de soportar períodos de estrés hídrico. Frente a un escenario de mayor humedad, en cambio, será necesario considerar materiales que puedan permanecer más tiempo en el campo sin deteriorarse y que presenten menor susceptibilidad a enfermedades fúngicas.
“Las variedades genéticas obviamente van a ser diferentes a las que hemos estado eligiendo”, sostuvo.
Durante la jornada también surgieron consultas sobre la posibilidad de que El Niño vuelva a presentarse durante el período 2027-2028. Carballo explicó que los modelos climáticos permiten anticipar con bastante precisión la evolución, intensidad y duración de un fenómeno ya instalado, pero no permiten establecer todavía qué escenario se presentará inmediatamente después.
“Este fenómeno siempre dura un año. Si tuviéramos otro fenómeno similar el año que viene, sería otro Niño, no sería el Niño que continúa”, explicó.
De acuerdo con la especialista, una vez que el actual episodio comience a declinar, los modelos podrán incorporar nuevos datos provenientes de las condiciones del océano y de la atmósfera para comenzar a proyectar el escenario siguiente.
La precisión de esas previsiones aumenta a medida que se aproxima el período de referencia. “La predicción se hace mucho más certera cuando ya nos estamos acercando al mes de agosto del año que sigue”, indicó.
Por ahora, el dato que Carballo consideró consolidado es que el actual Niño será fuerte y se intensificará durante la primavera.
La especialista cerró su exposición con un planteo que excede al comportamiento climático y apunta a la planificación de la infraestructura. Señaló que las obras destinadas a mitigar los efectos de las inundaciones requieren no solamente una inversión inicial, sino también recursos permanentes para su mantenimiento.
“Las obras que se hacen deben ser mantenidas y eso a veces nos acordamos en el momento en que ya es tarde”, advirtió.
Como ejemplo, mencionó el sistema de protección de los Países Bajos, donde la planificación contempla no solo la construcción de las obras sino también los recursos necesarios para conservarlas en condiciones de funcionamiento a lo largo del tiempo.
Para Carballo, la combinación entre información climática, planificación productiva, monitoreo de las condiciones hídricas y mantenimiento de la infraestructura será determinante para reducir los riesgos frente a un fenómeno que ya comenzó a manifestarse y que tendrá su mayor intensidad durante los próximos meses.





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