Después de años de perder protagonismo dentro de la agricultura argentina, el sorgo atraviesa una etapa de recuperación impulsada por una combinación de factores que fortalecen su competitividad.
La demanda china, el desarrollo de híbridos más competitivos y las oportunidades que ofrecen la producción de bioetanol y la alimentación animal están redefiniendo el escenario del sorgo. Especialistas del sector coincidieron en que el cultivo atraviesa una etapa de consolidación y cuenta con herramientas para seguir creciendo tanto en superficie como en valor agregado.

Después de años de perder protagonismo dentro de la agricultura argentina, el sorgo atraviesa una etapa de recuperación impulsada por una combinación de factores que fortalecen su competitividad.
La apertura y consolidación del mercado chino, el desarrollo de nuevos híbridos, la demanda de la industria de alimentación animal y las perspectivas vinculadas a la producción de bioetanol aparecen como algunos de los motores que explican el renovado interés por este cultivo.
El tema fue analizado durante uno de los paneles del Congreso Maizar 2026, donde referentes de la producción, la genética y la comercialización coincidieron en que la cadena ha logrado construir bases sólidas para proyectar un crecimiento sostenido.
Durante la apertura del debate se recordó que el sorgo llegó a ocupar cerca de tres millones de hectáreas en Argentina antes de experimentar una fuerte retracción que redujo el área a poco más de 600.000 hectáreas. Sin embargo, la situación comenzó a revertirse gracias al trabajo conjunto de productores, semilleros, investigadores y operadores comerciales.
Uno de los principales factores que explican la recuperación del cultivo es el crecimiento de las exportaciones hacia China.
Desde la Unión Agrícola de Avellaneda, una de las principales exportadoras argentinas de sorgo, destacaron que el punto de inflexión se produjo en 2021, cuando la producción alcanzó niveles que superaban ampliamente la demanda interna.
A partir de allí comenzó a desarrollarse un canal comercial hacia el gigante asiático, favorecido por los acuerdos sanitarios y comerciales vigentes entre ambos países.
Ese año la cooperativa exportó alrededor de 300.000 toneladas y posteriormente elevó ese volumen a un rango de entre 400.000 y 500.000 toneladas anuales. En total, las ventas externas acumuladas superaron los 1,8 millones de toneladas desde el inicio de esta estrategia.
La consolidación del mercado chino tuvo además un efecto directo sobre los precios. Antes de la apertura de ese destino, el sorgo cotizaba habitualmente entre el 80% y el 90% del valor del maíz. En la actualidad, en numerosos momentos del año logra ubicarse incluso por encima del cereal más sembrado del país.
La explicación radica en el uso que China realiza del grano argentino, particularmente por su alto contenido de taninos, una característica muy valorada para la elaboración del baijiu, una de las bebidas alcohólicas más consumidas del país asiático.
Otro de los pilares que sostiene la expansión del cultivo es el avance genético.
Los datos del sector semillero muestran un crecimiento tanto en la oferta de híbridos como en la cantidad de empresas que participan del mercado. Mientras que en la campaña 2019/2020 se comercializaron cerca de 390.000 bolsas de semilla fiscalizada, en el ciclo 2024/2025 la cifra superó las 463.000 unidades.
Además, el número de híbridos inscriptos en el Registro Nacional de Cultivares pasó de 70 a 78 materiales, reflejando una fuerte inversión en investigación y desarrollo.
Los especialistas destacaron que los nuevos materiales incorporan tecnologías que mejoran la sanidad y la adaptación a distintos ambientes productivos. Entre los avances más importantes aparece la tolerancia al pulgón amarillo, una de las principales amenazas para el cultivo en los últimos años.
La genética también apunta a mejorar la eficiencia productiva, la estabilidad de rendimientos y la resistencia frente a condiciones de estrés hídrico, una característica especialmente valorada en regiones donde las lluvias son cada vez más variables.
Bioetanol y avicultura, los usos que pueden multiplicar la demanda
Además del mercado exportador, el sorgo encuentra nuevas oportunidades en el agregado de valor.
La experiencia de Brasil aparece como una referencia para el sector argentino. Allí el cultivo logró consolidarse como una alternativa estratégica para la industria avícola, que utiliza el grano como ingrediente principal en la alimentación de pollos.
Según especialistas brasileños, el sorgo permite reducir entre un 10% y un 15% los costos de producción avícola respecto de otras alternativas. Además, presenta ventajas logísticas y operativas porque puede suministrarse directamente a los animales sin necesidad de molienda previa.
Otro de los destinos que genera expectativas es la producción de bioetanol. Brasil consume prácticamente toda su producción de sorgo dentro de su mercado interno y una parte creciente se destina a plantas de biocombustibles.
En Argentina, los referentes de la cadena consideran que existe margen para desarrollar este mercado, especialmente mediante la producción de variedades de bajo contenido de taninos, más adecuadas para los procesos industriales.
La posibilidad de contar simultáneamente con demanda para bioetanol, alimentación animal y exportación generaría una competencia positiva por el grano, fortaleciendo la rentabilidad de los productores y aportando mayor estabilidad al negocio.




