Reuniones de cancha, declaraciones altisonantes hablando de cordialidad, buenas relaciones, interés mutuo por hacer las cosas bien y por colaborar, hasta que llega el momento de demostrarlo y ocurren las cosas desagradables e intentendibles "a esta altura del partido" que inexorablemente nos llevan a pensar que volver a pensar en un fútbol normal, convertido en fiesta, con las dos hinchadas en los estadios y todo lo que uno puede imaginar y desear, es imposible de construir y se convierte en una quimera. Si con una sola parcialidad y en un estadio como el de Colón, donde entran 40.000 personas, advirtiéndoles que pueden ir a la cancha con tres horas de anticipación porque a esa hora se abrirán las puertas, ocurren los hechos lamentables que se vieron, con gente golpeada, con enfrentamientos entre el público y la policía, con "acuerdos" previos que no se respetaron y que generaron un malestar que fue creciente a medida que pasaron los minutos y las horas, ¿cómo es posible pensar en un fútbol con dos hinchadas, normal y con la certeza de que el socio, hincha o simpatizante, saldrá de su casa, entrará sin problemas al estadio, verá el partido, se alegrará o entristecerá y volverá sin problemas?. Así, como estamos, es difícil.


































