La Fórmula 1 atraviesa su primera gran controversia técnica antes del inicio de la temporada 2026.
Los cinco fabricantes de unidades de potencia votan una reforma para medir la relación de compresión también a 130°C. La iniciativa surge tras sospechas sobre una posible ventaja técnica de Mercedes.

La Fórmula 1 atraviesa su primera gran controversia técnica antes del inicio de la temporada 2026.
Los cinco fabricantes de unidades de potencia —Mercedes, Ferrari, Audi, Red Bull Ford y Honda— deberán votar en los próximos días una propuesta para modificar la forma en que se mide la relación de compresión de los motores híbridos que debutarán en 2026.
La iniciativa, impulsada en el ámbito técnico por la FIA, busca introducir una prueba adicional “en caliente” a partir del 1 de agosto de 2026, con el objetivo de evitar interpretaciones que puedan generar ventajas competitivas.
El reglamento de unidades de potencia 2026 establece una relación de compresión máxima de 16:1, inferior al 18:1 vigente en el ciclo anterior. Hasta ahora, esa medición se realiza con el motor detenido y a temperatura ambiente.
El problema radica en que el reglamento no contempla la expansión térmica de los materiales cuando el motor alcanza temperatura de funcionamiento.
Algunos fabricantes —con Audi a la cabeza, según trascendidos— manifestaron preocupación por la posibilidad de que Mercedes haya desarrollado una solución que, sin infringir el control estático, permita acercarse a una compresión real más elevada cuando el motor está en régimen operativo.
En términos prácticos, una mayor relación de compresión puede traducirse en más eficiencia térmica y mayor potencia, un factor determinante en una era reglamentaria que apunta a la eficiencia energética.
La solución de compromiso que ahora se somete a votación contempla mantener la medición tradicional en frío, pero sumar una verificación obligatoria a 130 grados centígrados, considerada una temperatura representativa de funcionamiento.
La votación se canaliza a través del Comité Asesor de Unidades de Potencia. Para que el cambio prospere se requiere mayoría cualificada: al menos cuatro fabricantes a favor, más el respaldo de la FIA y de la Formula One Management.
En un comunicado, la FIA explicó que la metodología fue desarrollada de manera colaborativa con los fabricantes y que cualquier modificación deberá contar además con la aprobación final del Consejo Mundial del Deporte Motor.
El objetivo político y deportivo es claro: evitar que la primera temporada del nuevo ciclo técnico arranque bajo sospechas o protestas formales, especialmente en la apertura del campeonato prevista en Australia.
Desde el entorno de Mercedes y sus equipos clientes —McLaren, Williams y Alpine— se restó dramatismo a la situación. James Vowles, jefe de Williams, consideró que el debate está sobredimensionado y confió en una pronta resolución.
En la vereda opuesta, Laurent Mekies, director de Red Bull Racing, sostuvo que no se trata de “ruido”, sino de la necesidad de claridad reglamentaria. Red Bull, que desarrolla sus propias unidades de potencia en la nueva era, enfatizó que cualquier zona gris debe resolverse antes de que las diferencias mínimas se conviertan en ventajas decisivas.
Más allá del resultado de la votación, el episodio refleja la sensibilidad extrema que rodea a los cambios reglamentarios de 2026. Con motores rediseñados, mayor protagonismo eléctrico y nuevas exigencias de eficiencia, cada detalle técnico puede alterar el equilibrio competitivo.
La F1 busca cerrar el debate antes del inicio del campeonato. Si la propuesta es aprobada, la nueva prueba “en caliente” entrará en vigor durante el receso de verano europeo, marcando un precedente en la fiscalización técnica de la categoría.
En un contexto donde las diferencias se miden en décimas —y a veces en milésimas—, la interpretación del reglamento vuelve a ser tan estratégica como el desarrollo en pista.




