La Fórmula 1 suele ser impiadosa con los jóvenes. Los expone rápido, los mide sin paciencia y les recuerda, cada fin de semana, que el talento por sí solo no alcanza. Por eso lo de Andrea Kimi Antonelli empieza a tomar una dimensión especial. En Miami, el italiano volvió a ganar con Mercedes, consiguió su tercera victoria consecutiva y dejó una sensación cada vez más difícil de disimular: su tiempo llegó antes de lo previsto.


































