San Pablo, Brasil. Tarde calurosa, partido complicado. Los 90 minutos terminaron empatados en cero. En el tiempo suplementario apareció Di María para recibir la pelota de Messi, atacando por el medio y levemente hacia la derecha, para definir con un remate que dejó sin chances al arquero suizo. Terminamos el partido pidiendo la hora. Fue un verdadero sufrimiento (no tanto como el del martes, porque en este partido en Brasil había que defender el resultado, no darlo vuelta) y el pase a cuartos de aquel Mundial del 2014 que nos dejó el amargo sabor de haber perdido esa final con Alemania en el Maracaná, el día de la foto de Messi pasando por delante de la copa para solamente mirarla, como diciéndose: “Algún día serás mía”. Y ese día llegó, ocho años después.






































