El punto sensible está justamente al comienzo de la vida profesional. Muchas tareas rutinarias que históricamente hacían quienes recién ingresaban —buscar información, cargar datos, preparar borradores o resolver procesos básicos— pueden automatizarse, sobre todo en los puestos ocupados por quienes recién empiezan a insertarse en el mundo laboral. Por eso empiezan a ganar valor otras capacidades: revisar lo que produce una máquina, detectar errores, interpretar resultados, resolver problemas, tomar decisiones y explicar por qué se tomó un camino y no otro.