A la madre de Ana Castro la torturaron en Devoto, donde estuvo detenida durante la dictadura militar, mientras estaba embarazada de ella. Ambas sobrevivieron a esos tiempos oscuros, aunque sus vidas recorrieron un camino de crianzas separadas, de ausencias, de añoranzas. Ella nació y estuvo un año y medio en cautiverio con su mamá. Luego, creció con una de sus abuelas y más adelante vendría el reencuentro familiar y los relatos compartidos. Ya de joven encontró la forma de cicatrizar su historia personal mediante el arte y la educación, dos pilares sobre los que fundó su hacer y su manera de mantener viva la memoria.
































