“Esta es Ripley, última superviviente del Nostromo, fin de la transmisión”. Dirigida por Ridley Scott en 1979, “Alien” se convirtió en una película de culto gracias a un mecanismo muy efectivo: funciona como entretenimiento y es, al mismo tiempo, una profunda metáfora sobre la soledad del ser humano cuando debe confrontar sus terrores más íntimos. El espacio exterior puede ser tan terrorífico como los demonios interiores. Tal como lo presintieron desde la literatura Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft, cuyas influencias están tan presentes en la obra maestra de Scott como los ecos del cine de clase B de los ‘50, en especial “La cosa: el enigma de otro mundo”, de Christian Nyby.





































