William Shakespeare tenía claro que las sociedades también pueden equivocarse en forma sintonizada. Que la tragedia no siempre nace de la ambición o la duda de un gobernante, sino de una comunidad que deja de hacerse preguntas.
Palmeras Salvajes le dio nueva vida a la novela de Walter Van Tilburg Clark. Un clásico que quiebra en pedazos el mito del Lejano Oeste para pensar sobre los linchamientos, la fragilidad de la ley y la venganza colectiva.

William Shakespeare tenía claro que las sociedades también pueden equivocarse en forma sintonizada. Que la tragedia no siempre nace de la ambición o la duda de un gobernante, sino de una comunidad que deja de hacerse preguntas.
Publicada en 1940, "Incidente en el Ox-Bow" llevó esa intuición shakespereana al paisaje del Oeste norteamericano y terminó convirtiéndose en una novela fundamental del género. Que la editorial Palmeras Salvajes acaba de reeditar en una cuidada traducción de Márgara Averbach.
La reedición recupera un clásico que excede los límites del género. Bajo la apariencia de una historia de cowboys, Clark escribió una reflexión sobre el linchamiento, lo frágil que resulta la ley y la facilidad con la que una comunidad relativamente civilizada puede entregarse al impulso del castigo.
La acción transcurre en un pequeño pueblo de Nevada hacia 1880. La noticia de un robo de ganado y de un supuesto asesinato genera una reacción inmediata. Un grupo de hombres organiza una patrulla para perseguir a los sospechosos y hacer justicia por mano propia.
Lo que parece el punto de partida de un relato del Lejano Oeste pasa a ser algo más complejo. A medida que la persecución avanza, "Incidente en el Ox-Bow" deja la aventura y va al examen moral de quienes participan en ella.
La novela se interna así en algunos de los grandes temas del western estadounidense: las armas, la masculinidad, el lugar de las mujeres en una sociedad machista y, sobre todo, los límites éticos de la justicia cuando las instituciones son débiles o directamente insuficientes. Cualquier paralelismo con la actualidad indica que el mundo no cambió demasiado.
Muchas películas se ocuparon del tema, desde diferentes ópticas. La lista incluye "El vengador justiciero", con Charles Bronson, que ensalza el linchamiento. Pero también "Río Místico", la obra maestra de Clint Eastwood del año 2003.
Durante décadas, el western fue entendido como narrativa heroica asociada a la conquista de fronteras y a la gestación de una identidad nacional, como se muestra en "La Conquista del Oeste". Sin embargo, Walter Van Tilburg Clark decidió mirar en dirección opuesta y complejizar el asunto.
Mostró sin vueltas las consecuencias de una comunidad que reemplaza la justicia por la venganza y el debido proceso por el linchamiento. El resultado es una novela cuestiona con dureza la violencia colectiva. El final es claro en tal sentido.
Simón Soto, a propósito de la reedición señaló que "el western es como una profunda e inagotable veta de oro que nunca termina de ser explotada, porque la montaña continúa entregando metal precioso, en cantidad generosa".
"Existe un exquisito acervo de narrativa sobre el viejo oeste, que alimentó y continúa enriqueciendo las nuevas oleadas de relatos situados en este mítico espacio".
Y agregó sobre la novela: "un ejemplo sorprendente y feliz de esta cantera literaria es 'Incidente en el Ox-Bow', novela de Walter Van Tilburg Clark publicada en 1940, una historia trepidante en su acción y compleja en sus temas y en su perspectiva moral".
La influencia de la obra se extendió al cine. En 1943, apenas tres años después de la publicación del libro, fue llevada a la pantalla grande por el director William Wellman, con Henry Fonda en uno de los papeles principales.
La película es considerada hoy una de las grandes obras del western clásico. Bosley Crowther, desde The New York Times, destacó entonces que la película poseía "la virtud de la verdad implacable" y señaló que Wellman la había dirigido "con un realismo que es tan agudo y frío como un cuchillo".
Décadas más tarde, Edward Buscombe la incorporó al volumen "1001 películas que hay que ver antes de morir". Allí definió la obra como "un poderoso alegato a favor del imperio de la ley como base de la civilización".
Para Buscombe, además, se trata de una película decisiva dentro de la evolución del western, porque ayudó a demostrar que un género considerado durante mucho tiempo como entretenimiento popular podía abordar cuestiones morales y políticas de enorme profundidad.