La derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial frente a España dejó una imagen que se repitió en todo el país: personas con lágrimas en los ojos, silencio en las calles, reuniones familiares que terminaron con abrazos y una sensación difícil de explicar. Aunque se trató de un evento deportivo, el impacto emocional trascendió ampliamente los noventa minutos de juego.



































