Caminar de noche por ciertas calles de Dinamarca puede generar, al menos al principio, una sensación extraña. No se trata de un efecto visual para una película de suspenso ni de una campaña publicitaria extravagante. La tradicional luz LED blanca y fría que domina las urbes modernas fue reemplazada por un resplandor rojo, intenso y casi cinematográfico. Lejos de ser una decisión estética, la iniciativa esconde un profundo y urgente propósito ambiental que ya despierta el interés de urbanistas en todo el mundo.

































