El conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, desatado en febrero de 2026, ingresó en una fase de extrema peligrosidad para la estabilidad global. Con una clara desventaja en capacidades militares tradicionales, Teherán profundizó su estrategia de utilizar los pasos marítimos neurálgicos como herramientas de amenaza, persuasión y negociación.



































