Fuerte y vigoroso, en el Hospital Cullen nacía hace poco un bebé con labio leporino. Mal llamado leporino, porque esta palabra es ofensiva, y es mejor hablar sin ofender. La ofensa no tiene razón, porque la perdió, a la razón. Leporino es palabra ofensiva, como lo es imbécil e imbecilidad, idiota e idiocia. Nacer con labio leporino implica que el bebé no puede prenderse al pecho ni tomar la mamadera porque todo lo que le entre por la boca le pasa a la nariz, y el recién nacido entonces se ahoga. Pero no siempre es así, porque este defecto tiene variantes y magnitudes.


































