El horrendo crimen de Jeremías Monzón puso sobre la mesa un debate que nunca termina de cerrarse, pero que cada vez grita con más fuerza: la baja en la edad de imputabilidad. La brutalidad del hecho no solo deja una familia destrozada, sino que expone una realidad incómoda: adolescentes de 14 y 16 años cometiendo actos de una ferocidad adulta, mientras el sistema legal parece observar desde la impotencia.



































