I
Facundo Moyano disfruta de una vida de lujos gracias a la fortuna familiar, mientras su padre, el líder sindical Hugo Moyano, sigue siendo una figura influyente en el país.

I
Imposible saber con certeza, verdaderamente verdadera, cómo y de dónde el niño Facundo Moyano obtiene sus amantes, queridas, hetairas, cortesanas, por qué no, meretrices o, aunque más no sea, "un gato de porcelana para que maulle al amor".
Lo que sí podemos permitirnos suponer es que sus placeres amatorios le salen caros, un detalle que a nuestro inspirado gigoló no le debe trastornar el sueño porque está visto que al boy de Moyano podrá faltarle educación, riqueza espiritual o sensibilidad poética, pero lo seguro es que no le falta plata.
Preguntar de dónde sale esa plata sería una pregunta imprudente, o indiscreta quizás, entre otras cosas porque todos sabemos que las rupias y las piastras salen de la ostentosa alcancía de papá, es decir, de Hugo, el primer camionero argentino.
El primero y el más antiguo, aunque los espíritus inquietos y malignos susurran que no hay testigos -vivos o muertos- que puedan asegurar, rectos en conciencia, que alguna vez en la vida lo hayan visto a papá Hugo arriba de un camión.
II
Facundo vive como millonario y se da los gustos de un niño bien millonario, por la sencilla razón de que es hijo e hijastro de millonarios. Su familia no proviene del patriciado terrateniente sino del patriciado sindical.
Su padre no tendrá el linaje de Robustiano Patrón Costas, José Alfredo Martínez de Hoz o Carlos Pedro Blaquier, pero pertenece por "prepotencia de trabajo" al linaje de los Barrionuevo, los Triaca, los Ibáñez, los Coria, o los Casildo Herrera y toda la fraternal menesunda que hizo posible adquirir fortunas en nombre de los trabajadores.
La extorsión a empresarios, las cuotas sindicales compulsivas y el saqueo pirata de las obras sociales hicieron el milagro. Facundito es un vástago de esa increíble y singular alquimia.
No tiene el glamour de Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, el popular "Macoco", tampoco posee el desparpajo atildado e insolente de Fabián Gómez y Anchorena, le faltan modales, gracia y estilo para aproximarse a Isidorito Cañones, pero en este siglo XXI que hubiera consternado a Enrique Santos Discépolo, a él le alcanza y le sobra con ser simplemente Facundo Moyano.
III
Me resigno a admitir de que no hay antecedentes históricos que permitan establecer algún punto de comparación con Karina Milei, la insólita hermana del presidente calificada por el mismo con el rango de "jefe", y la cuestión de género te la quedo debiendo para más adelante. Esfuerzo mis grises neuronas -diría Hércules Poirot- para encontrar en el pasado lejano o en el pasado cercano, algo parecido, pero todos mis esfuerzos son vanos.
Pienso en Casandra, pero el personaje no cierra más allá de sus jubilosas profecías. Pienso en Lucrecia Borgia, pero creo sinceramente que en la comparación la que sale perdiendo es Lucrecia, tan hermosa, tan intrigante, tan lúcida, tan peligrosa. Se dice que Martín Miguel de Güemes tenía una hermana brava y temible. María Magdalena se llamaba.
Le decían "Macacha". Y dicen, que dicen, que la que decidía era ella. Algo conozco de la biografía de esa mujer y por más vuelta que le dé no hay comparación posible entre ella y Karina, como tampoco se me ocurriría comparar a Martín Miguel con Javier Gerardo.
Uno le da vueltas al asunto y arriba a la melancólica conclusión de que lo más cercano a Karina podría llegar a ser Alicia, la hermana de Néstor, la señora que se dio todos los gustos políticos: funcionaria de la dictadura militar, legisladora, ministra y gobernadora. Sin embargo, hay algo en Karina que Alicia no lo logra ni lo intenta.
Veamos. La relación de Alicia con su hermano es la clásica relación del poder con sus luces y sombras, pero en la relación de Javier con Karina hay algo que no me animo a calificar pero que resulta perturbador y enigmático con un toque de enredo griego que inquietaría a Sigmund Freud.
La relación de Alicia con Néstor puede ser evaluada, bien o mal, por un politólogo; la de Javier con Karina merece la asistencia de un psicoanalista. No sé si se entiende la diferencia.
IV
Los chicos del Coro Nacional de Niños fueron asistidos por legisladores oficialistas con sarcasmos y risotadas. La intervención colérica de un padre reclamando respeto a los niños y asegurando de que se arrepentía de haberlos votado, se instaló como la gran noticia de la semana. Algo así como que "con los chicos no".
Y la verdad sea dicha, hay en este gobierno una sensibilidad que lo inclina de manera lisonjera contra los más débiles. Los discapacitados, los jubilados, los médicos residentes…los niños.
Por supuesto, el gobierno libertario no se explica solamente por esta singular afición, pero la escena interpretada en la reunión con diputados, con los niños cantando y los legisladores oficialistas riéndose, es aleccionadora. Remember. El Coro Nacional de Niños no lo crearon los comunistas, sino que fue una iniciativa de la gestión de Juan Carlos Onganía.
Su costo es mínimo y sus logros artísticos son máximos. Sospecho que para la ideología oficial estos méritos no interesan o no son considerados virtuosos. Además es fácil meterse y ganar fama de guapo contra un coro de niños. Federico Sturzenegger sonríe ufano.
V
Claudio "Chiqui" Tapia y su socio, Claudio Toviggino, siguen siendo noticia. Fútbol, política y dólares. Política con diputados y jueces. Por lo general son peronistas, pero se aceptan otros participantes. Martín Insaurralde y Jesica Cirio siguen ocupando su lugar en la escena. También en este caso asistimos a un clericó de politica, sexo y peronismo. Todo en el corazón del Conurbano.
Sofía Clerici hace su propio juego. Como para disipar dudas, el crucero del amor se llama "Bandido". Los corruptos suelen ser asistidos por estas inspiraciones. Alfredo Yabrán, por ejemplo, supo bautizar a su residencia con el singular término de "Botín". Cosas y casos. Lo de Sofía i incluye arrebatos clasistas.
Cuando a la señora Clerici la indagaron sobre el origen de su fortuna, respondió -sin un pestañeo- que su actividad, considerada la más antigua de la humanidad, no factura ni está registrada en el ARCA. En los últimos días de la semana ganó pantalla el eximio José Luis Manzano. ¿Se acuerdan? El que llegó de Mendoza en 1983 en un auto usado y con sus nalgas caídas.
¿Se acuerdan? La estrella del peronismo renovador y el flamante ministro del Interior de Menem. ¿Se acuerdan? El que dijo que robaban, sí, pero "robaban para la corona". Después se retiró de las tribus políticas y se decidió a hacer plata, pero plata de la buena y la grande. Ese Manzano. Sí, el socio de Daniel Vila y Mauricio Filiberti.
Ni él sabe a esta altura del partido los millones de dólares y euros que hizo. El paradigma del emprendedor exitoso. Los servicios públicos ni en manos del estado ni en manos de las multinacionales. Nada de eso. Todo en manos de nuestros empresarios nacionales, nuestra pujante y floreciente burguesía nacional de la cual Manzano pareciera ser un exponente exitoso.





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