Me encuentro aquí, de nuevo, frente a las escalinatas del Hospital Pirovano en la ciudad de Buenos Aires. Viajé desde mi ciudad para contarles esta historia desde este preciso lugar. Mi increíble historia. Soy consciente que muchos lectores de esta columna van a creer que es fantasía, un delirio. Pero confío que a algunos pocos les podrá resultar útil, de alguna manera.



































