Ariel Medri lleva en su historia una de esas marcas que el fútbol suele dejar guardadas en los márgenes. No fue una carrera de flashes permanentes ni de tapas eternas, pero sí una vida atravesada por la pelota, por el esfuerzo del interior y por ese sueño que alguna vez lo llevó desde Maggiolo, en el sur santafesino, hasta el Monumental de Núñez.



































