La mañana del viernes detonaciones de arma de fuego estremecieron el corazón de barrio Sur. En Zavalla al 1900, un camión repartidor de Coca-Cola fue interceptado por dos hombres en moto. El intento de asalto duró segundos. El resultado, en cambio, sigue expandiéndose como una onda que no encuentra orilla: uno de los ladrones murió de un disparo en el pecho.
El otro, su hermano, escapó a pie. No llegó lejos. Fue detenido a pocas cuadras. Desde entonces, el caso transita un territorio incómodo: hay un muerto, hay detenidos, hay vainas… pero no hay arma ni autor del disparo.
La única certeza
“La única certeza es que el hecho ocurrió en un contexto de robo”. La frase pertenece a la fiscal María Laura Urquiza, que investiga el caso y que, en diálogo con El Litoral, dejó en claro que todo lo demás está bajo sospecha.
Ese “todo lo demás” incluye a cuatro personas que estaban del lado del camión: el chofer, dos ayudantes y un custodio que circulaba detrás. Ninguno admite haber disparado. Ninguno reconoce portar un arma. Ninguno se corre del silencio.
El escenario del crimen parece diseñado para la duda. Foto: G. Di SalvatoreEl escenario del crimen parece diseñado para la duda. No se secuestró ningún arma de fuego. Apenas dos vainas servidas calibre 22, mudas, insuficientes, casi irónicas frente a la gravedad del desenlace.
Las cámaras de seguridad tampoco aportaron respuestas. El camión quedó detenido en una posición tan precisa como inoportuna: bloqueó la visión de la cámara más cercana. El registro visual del momento clave, simplemente, no existe.
Los vecinos escucharon, pero no vieron
En el barrio, el relato se repite con mínimas variaciones. Hubo detonaciones. Dos, tal vez más. Nadie vio al tirador. Nadie puede señalar de dónde salió el disparo que mató al asaltante. Ese vacío es el que hoy ocupa la investigación.
Pacto de silencio
Para la fiscal, no se trata de simples contradicciones. Urquiza sospecha un pacto de silencio entre los involucrados. Una coreografía defensiva donde cada uno sabe qué no decir.
Hasta el mediodía del lunes, todos los detenidos continuaban privados de su libertad. Y ante versiones que indicaban lo contrario, la fiscal fue tajante: “Es mentira que el custodio haya sido liberado”.
Sospechan un pacto de silencio entre los detenidos. Foto: G. Di Salvatore Urquiza juega contra el tiempo. La ley le otorga 96 horas para definir si los detenidos continúan presos o recuperan la libertad. El margen es estrecho, aunque existe la posibilidad de pedir una prórroga, apelando a la complejidad de una causa que, por ahora, ofrece más preguntas que respuestas.
La ciencia como último árbitro
Sin el arma homicida, todo queda en manos de los peritajes. Los resultados de los dermotest, realizados para detectar rastros de pólvora en las manos de los detenidos, pueden inclinar la balanza.
También los teléfonos celulares secuestrados —los de los ocupantes del camión y el del hermano del fallecido— están siendo analizados. Mensajes, llamadas, silencios digitales: cualquier dato previo al asalto podría reescribir la historia.
Hipótesis abiertas, final incierto
La fiscal no descarta nada. Desde un asalto convencional que terminó mal, hasta un episodio de otra naturaleza, capaz de comprometer seriamente a alguno de los protagonistas.
En Zavalla al 1900, el disparo ya ocurrió. Lo que falta es algo más difícil de conseguir: la verdad.