Los incendios forestales en la provincia de Chubut volvieron a intensificarse en los últimos días, con al menos tres focos reactivados dentro del Parque Nacional Los Alerces y en áreas cercanas como Villa Lago Rivadavia y Cholila.
La provincia de Chubut enfrenta una nueva etapa de incendios forestales con focos reactivados en el Parque Nacional Los Alerces y zonas aledañas. Brigadistas, bomberos y equipos especializados trabajan en condiciones adversas por altas temperaturas y vientos que dificultan el combate del fuego.

Los incendios forestales en la provincia de Chubut volvieron a intensificarse en los últimos días, con al menos tres focos reactivados dentro del Parque Nacional Los Alerces y en áreas cercanas como Villa Lago Rivadavia y Cholila.
La situación se agrava debido a las condiciones climáticas adversas —temperaturas elevadas y vientos fuertes— que dificultan las labores de contención y aumentan el riesgo de propagación de las llamas.
Las autoridades que coordinan el operativo contra el fuego confirmaron que tres focos de incendio forestal se reactivaron recientemente en la región cordillerana de Chubut tras un período de relativa contención.
Estos focos se encuentran distribuidos en distintos sectores del Parque Nacional Los Alerces, en la zona de Villa Lago Rivadavia y en las cercanías de Cholila, en el noroeste de la provincia.
El avance de las llamas ya afectó más de 35.000 hectáreas de bosques nativos, matorrales y campos, según estimaciones oficiales, y representantes de los equipos que trabajan en el combate del fuego describen un panorama complicado por la rápida propagación provocada por las condiciones ambientales.
Las altas temperaturas y las ráfagas de viento, que en algunos casos superan los 50 kilómetros por hora, son señaladas como factores claves que han reactivado focos secundarios e impiden que los brigadistas puedan controlar plenamente el avance de las llamas.
La coordinadora del Comité de Control de Incendios del Parque Los Alerces destacó la complejidad de la situación, ya que el fuego “se comporta de manera extrema” y se desplaza en distintos frentes en terrenos de difícil acceso.
Además del terreno montañoso, la escasez de agua y la falta de precipitaciones agravan las labores de los combatientes, que deben operar en condiciones cambiantes y con limitaciones para el uso de recursos aéreos en algunos sectores.
Las autoridades provinciales y equipos técnicos continúan evaluando la dinámica del fuego, con mediciones periódicas para identificar nuevos puntos calientes e implementar estrategias de control más efectivas. Sin embargo, la combinación de clima adverso y la escala territorial de los focos activos mantiene el estado de alerta en toda la región.
Frente a la gravedad de la situación, más de 500 brigadistas, bomberos, equipos de manejo del fuego y voluntarios se encuentran desplegados en la zona afectada. La labor conjunta busca contener los focos reactivados y evitar que las llamas se extiendan a áreas pobladas o a otras reservas naturales.
En algunos sectores, la fuerza de las ráfagas de viento provocó que los equipos deban replegarse temporalmente para priorizar la seguridad de los combatientes, ya que el fuego puede moverse de forma impredecible en terrenos con pendientes y vegetación densa.
Las rutas provinciales en la zona, como la Ruta Provincial 71, presentan restricciones de tránsito en tramos cercanos a los incendios para proteger a los automovilistas y facilitar el desplazamiento de recursos de emergencia.
La visibilidad reducida por el humo y la presencia de columnas densas complican la circulación y elevan los riesgos para quienes transitan por el área.
Ante la falta de lluvia —que es vista por los brigadistas como un factor crucial para el control del incendio— varios pobladores de zonas rurales cercanas tuvieron que ser evacuados por precaución.
La expectativa de precipitaciones para los próximos días se mantiene como un elemento de esperanza, ya que podría ayudar a mitigar la intensidad de las llamas y facilitar las tareas de extinción.
La situación desencadenada en Chubut se produce en un contexto de temporada de incendios forestales que afecta a varias provincias de la Patagonia argentina, con focos activos que alcanzan áreas de gran valor ecológico y turístico.
La combinación de condiciones climáticas extremas —como sequía y olas de calor— y la extensión de los siniestros obliga a un despliegue constante de recursos humanos y técnicos para intentar frenar el avance del fuego.
Las autoridades ambientales y de seguridad trabajan de manera coordinada con organismos nacionales y provinciales para monitorear los cambios en el comportamiento del incendio y diseñar estrategias que reduzcan el impacto en los ecosistemas y en las comunidades cercanas.
Aunque el fuego no presenta por ahora un frente directo de amenaza inmediata sobre centros urbanos importantes, la proximidad a localidades como Esquel mantiene la atención de las fuerzas oficiales y de los pobladores.




