Los argentinos no paran de saltar. Los ingleses llegan con su habitual “flema”, después de una noche en la que cualquier bar de Atlanta se pareció a cualquier pub de Londres. La humedad del verano de Atlanta se pega en la piel, pero a nadie le importa. Tampoco si mirar al cielo trae como consecuencia la factibilidad de una lluvia que se demora. El estadio es techado. Y refrigerado. Así que hay cuestiones que no se ponen en la balanza a la hora de tomar precauciones.




































