Allí andaba con su copa del mundo gigante. “Cuando mandé a hacerla no pensé que podía ser tan pesada… Hasta estoy empezando a arrepentirme”, cuenta, en broma y con sonrisas, alguien que no nació en Argentina, que no tiene nuestra nacionalidad, pero que se siente uno más en medio de ese desborde emocional tan típico de los banderazos en cualquier parte del mundo.


































