Hay un momento de la charla en el que Mattia Colnaghi deja de parecer un piloto de Fórmula 3. Ya no es el joven que corre a más de 250 kilómetros por hora, analiza datos en Milton Keynes y trabaja con uno de los ingenieros que acompañó a Sebastian Vettel en sus años de gloria. Por unos segundos vuelve a ser simplemente un chico de 18 años.




































