Hace tres años y medio, en Qatar, las conspiraciones nos “ayudaban” a que Argentina ganase el Mundial. Todo “favorecía” a la selección de Scaloni. La derrota con Arabia Saudita estuvo “armada” para despistar; en los penales contra Países Bajos, las manos del Dibu tenían una “aspiradora” para que la pelota viaje directamente hacia ellas y en la final con Francia, Kolo Muani pateó al arco, pero “pateó a errar”. Todo un disparate que solo sirvió para echar mantos de sospecha mundiales en torno y por encima de los acabados méritos de aquel equipo.




































