Es muy difícil de entenderlo en un contexto de tantas quejas por el alto costo de las entradas. Porque si los estadios están colmados y el valor de las entradas es el que se comenta que piden por cada partido, estaríamos hablando de una recaudación formidable, incalculable. Pero también se podría hablar de estadios vacíos, porque hasta para un norteamericano, los precios en cuestión resultan muy altos. Obscenos. Inaccesibles.



































