Pasar por la majestuosidad del circuito de Daytona, donde se desarrollan las 24 horas, una de las carreras más importantes del mundo, se convierte en la escala obligada de un viaje de más de 1.000 kilómetros entre Miami y Atlanta, matizado con momentos de lluvia y otros de ese calor sofocante que parece darnos un pequeño respiro entre aquellos días febriles de Miami y esta temperatura alta pero soportable que tenemos en esta Atlanta que no pasa desapercibida para el fútbol argentino ni tampoco para el deporte universal ni la historia misma de la humanidad, pues acá se registró aquel luctuoso atentado perpetrado en medio de una competencia deportiva: fue en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, hace 30 años. Fue cuando una mochila colocada por Eric Rudolph, en el mismísimo Centennial Olympic Park, dejó un saldo de dos muertos y 111 heridos. Fue el segundo ataque en el marco de una competencia mundial como los Juegos Olímpicos, detrás de aquel ataque en los Juegos de Munich de 1972, que también tiñó de sangre lo que debió haber sido una fiesta del deporte.





































