El impacto lo vemos claramente en términos cualitativos. Hay rutas fundamentales, como la Ruta Nacional 3, que atraviesa la provincia de Buenos Aires desde la Capital hasta Bahía Blanca y continúa hacia la Patagonia, en un estado desastroso. Por ejemplo, quedó sin terminar el cruce de la Ruta 3 con la 30 porque no se hizo un puente. Hoy los camiones que circulan por la Ruta 3 deben desviarse por la Ruta 30, hacer un giro en U y luego retomar la Ruta 3. Eso afecta a todos los camiones que pasan por allí. El costo es enorme, y distintos estudios muestran que por cada peso que se deja de invertir en mantenimiento, después la reparación cuesta entre cuatro y siete pesos. Es decir, todo termina siendo muchísimo más caro. Ese supuesto ahorro del gobierno nacional resulta profundamente ineficiente y, en definitiva, implica una verdadera dilapidación de recursos.