En los últimos días, una escena poco habitual surgida en Corea del Sur ha llamado la atención de medios internacionales. En el templo Jogyesa, en pleno centro de Seúl, una ceremonia budista seguía el ritmo solemne de siempre –entre cánticos, incienso y faroles decorativos– cuando un detalle rompía la imagen tradicional: entre los novicios participaba un robot humanoide.




































