La situación sanitaria en la República Democrática del Congo vuelve a generar preocupación internacional.
“Estamos aquí para dialogar con la comunidad, comprender cómo se está llevando adelante la respuesta e identificar las dificultades para poder brindar apoyo”, expresó el titular de la OMS tras su llegada.

La situación sanitaria en la República Democrática del Congo vuelve a generar preocupación internacional.
En medio de un brote de ébola que ya dejó cientos de víctimas sospechosas y más de un millar de casos registrados, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, llegó este sábado a la provincia de Ituri, epicentro de la emergencia sanitaria, y reclamó un alto al fuego que permita fortalecer las tareas de contención de la enfermedad.
La visita de Tedros se concentró en la ciudad de Bunia, capital provincial y principal centro de operaciones de la respuesta sanitaria desplegada por organismos nacionales e internacionales. Allí tiene previsto recorrer centros de salud, reunirse con autoridades locales y evaluar el trabajo que realizan los equipos médicos en una de las regiones más complejas del país africano.
“Estamos aquí para dialogar con la comunidad, comprender cómo se está llevando adelante la respuesta e identificar las dificultades para poder brindar apoyo”, expresó el titular de la OMS tras su llegada.
La emergencia sanitaria se desarrolla en un contexto especialmente delicado. Las zonas afectadas por el brote se encuentran inmersas en un prolongado conflicto entre las fuerzas gubernamentales congoleñas y distintos grupos rebeldes que operan en el este del país.
Esa situación complica seriamente las tareas de vigilancia epidemiológica, el traslado de pacientes, la distribución de insumos médicos y las campañas de prevención.
Por ese motivo, Tedros hizo un llamado a todas las partes involucradas para que acuerden una tregua humanitaria que permita concentrar esfuerzos en el combate contra el virus.
La inestabilidad de la región representa uno de los principales desafíos para las autoridades sanitarias, ya que dificulta el acceso a comunidades remotas donde podrían existir numerosos casos sin detectar.
Según datos difundidos por la agencia de salud pública de la Unión Africana, el brote acumula más de 1.000 casos registrados y al menos 246 muertes sospechosas.
Se trata del decimoséptimo brote de ébola declarado en la República Democrática del Congo desde que el virus fue identificado por primera vez en 1976, precisamente en la región que hoy vuelve a estar afectada.
La actual epidemia está asociada a la cepa Bundibugyo, una variante menos frecuente pero particularmente preocupante debido a su elevada tasa de mortalidad, que oscila entre el 30% y el 50% de los casos.
Además, la OMS advirtió que actualmente no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico para esta cepa, lo que incrementa la complejidad de la respuesta sanitaria.
Las autoridades sanitarias también confirmaron casos en la vecina Uganda, donde ya se registraron nueve contagios, incluido el fallecimiento de una persona que había llegado desde territorio congoleño.
La OMS considera que el riesgo de propagación en África subsahariana es alto, mientras que el riesgo global continúa siendo bajo. Sin embargo, los expertos temen que la verdadera magnitud de la epidemia sea mucho mayor que la reflejada en los registros oficiales.
La limitada capacidad de diagnóstico en numerosas zonas rurales, sumada a las dificultades de acceso derivadas del conflicto armado, impide confirmar muchos de los casos sospechosos y retrasa la detección temprana de nuevos focos de contagio.
De acuerdo con estimaciones de la propia OMS, el virus habría comenzado a circular en Ituri al menos dos meses antes de que la emergencia fuera oficialmente declarada.
El ébola continúa siendo una de las enfermedades más letales del continente africano. Desde su descubrimiento hace cinco décadas, distintos brotes han provocado más de 15.000 muertes en África, con consecuencias devastadoras para los sistemas sanitarios de los países afectados.
Ante este nuevo episodio, la comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos en el Congo, donde la combinación de crisis sanitaria, violencia armada y limitaciones estructurales plantea un escenario de enorme complejidad para las tareas de control y contención de la enfermedad.




