I
El autor nos presenta un análisis sobre las disputas de poder y las tensiones internas que atraviesan tanto al oficialismo como a los principales referentes de la oposición. Entre las ambiciones electorales y el humor social, la política argentina muestra fisuras en cada espacio mientras se redefinen los liderazgos clave.

I
Si me preguntan quién gana las elecciones presidenciales, respondo sin vacilaciones: no lo sé. Y mi incertidumbre coincide con la incertidumbre de todo analista y político que no se deje tentar por sus deseos y admita las paradojas de la realidad. Seguro que Javier Milei quiere ser presidente, un deseo que seguramente sostiene Axel Kicillof en la vereda de enfrente.
Pero ni Milei ni Kicillof están solos a la hora de defender su ambición. Por lo que pude averiguar, o atendiendo a los rumores que circulan, los peronistas no están muy entusiasmados con el amigo Axel. Los kirchneristas, porque a esta altura del partido lo consideran casi un traidor.
Y los peronistas ortodoxos porque este muchachito porteño con aficiones izquierdistas no los termina de convencer, además del recelo que le despierta a todo peronista de pelo en pecho un gobernador que se jacta de no ser corrupto. El otro candidato en la grilla es Sergio Massa.
Aunque suene a herejía de mi parte, digo que es el dirigente más capacitado políticamente si por política entendemos capacidad para lidiar con las redes e intereses del poder. Sinceramente no creo que esas virtudes a Massa le alcancen para ser el candidato del peronismo y sobre todo para ganarle a Milei.
II
En el gobierno, en lo que podríamos tomarnos la licencia de calificar como una coalición de derecha y ultraderecha, tampoco soplan aires de victoria. Hay una brisa ganadora, pero si le vamos a creer a los señores dedicados a ganarse la vida midiendo la opinión pública, sus adhesiones electorales no son "avasallantes" como a los hermanitos les gustaría creer.
El presidente dispone de la ventaja de ser presidente y manifestar voluntad de poder. No es poca cosa. También juega a su favor que hasta la fecha las condiciones de gobernabilidad se sostienen.
Algunos podrán decir que mucho, otros podrán decir que poco o muy poco, pero con las quejas y los lamentos del caso, el país "funciona"; no hay puebladas, piquetes a mansalva, o huelgas generales. En estas condiciones o, para ser más preciso, mientras esas condiciones no se modifiquen, Milei dispone de posibilidades para ser reelecto.
Claro, falta un año para ir a las urnas y en ese tiempo todo puede cambiar, pero mientras la gobernabilidad funcione como lo ha venido haciendo estos tres últimos años, habrá que prepararse para disfrutar o padecer a la parejita de hermanos por cuatro años más. Insisto en mis prevenciones: todo esto ocurrirá mientras el actual escenario no se altere en sus líneas principales.
III
De todas maneras, las disputas políticas no se cierran con este balance atendiendo los trazos más gruesos de la política. Alguien podría decir con cierta cuota de razonabilidad que no hace falta que el país estalle en pedazos para que Milei, por ejemplo, sea derrotado en las elecciones.
Para los amigos de las premoniciones, les digo que en principio habrá que ver cuál es el humor de la gente dos meses antes de los comicios. Y más que el humor, habrá que indagar cómo están los bolsillos de los contribuyentes.
El bloque de poder de La Libertad Avanza es fuerte, pero no por eso deja de estar sacudido por temporales internos que por el momento no parecen ser graves, pero pueden llegar a serlo. No creo que Victoria Villarruel tenga chances presidenciales, pero sí dispone de posibilidades de jugar una carta que aunque no sea ganadora, acumule algunos puntos a su favor.
Dicho de otra manera: Victoria no gana pero puede molestar o quitarle a Milei un paquetito de votos que en una disputa final pueden llegar a ser decisivos. En el PRO, la última palabra en materia de alianzas no está dicha. Ni siquiera la penúltima. Nadie, creo que ni siquiera él mismo, sabe qué hará Mauricio Macri en el futuro inmediato.
Los que lo conocen dicen que el expresidente no ha renunciado de ninguna manera a sus ambiciones políticas, pero tampoco ha renunciado a los placeres personales que le brinda la FIFA y los campeonatos de bridge. En todos los casos, la impresión es que el hombre preferiría en la actualidad actuar de planificador de estrategias o consejero.
¿Tiene ambiciones presidenciales? No lo sé. Pero si las tiene va a tener que hacer algo más que lo que está haciendo. O confiar en su buena estrella y esperar que el poder le llegue servido en bandeja porque todos los que lo disputan o lo vayan a disputar fracasen. En todas las circunstancias, no creo que ni Milei ni su hermanita pierdan el sueño por Macri.
IV
Otra cosa es Patricia Bullrich. La señora lo ha dicho y lo sigue diciendo: quiere ser presidente. En algún momento aclaró que ese cargo lo disputará en 2031, pero los que la conocen saben que si en los próximos meses, o en las próximas semanas, se le presenta la oportunidad no vacilará un instante en buscar el gol, es decir, el sillón de Rivadavia.
Por lo pronto, es la dirigente que mejor mide en términos de imagen personal. Nada extraordinaria su popularidad, pero alcanza y sobra para ganarle a los otros. En su intimidad, Patricia seguramente estima que la mala suerte o la perfidia conspiraron contra ella para impedirle ser presidente en 2023.
Jugadora experta en estos menudeos, olvidó las injurias que le infligió Milei durante la campaña y se fue con sus votos a refugiarse en el regazo del flamante presidente. Lo hizo bien, pero como cualquier observador podría apreciar, cada vez que puede diferenciarse del gobierno lo hace. Y cada vez lo hace de manera más evidente.
Por supuesto, la realización de sus ambiciones no será fácil. Hoy las fichas están a favor de Milei, pero también hay que decir que al señor presidente no le sobra nada y al primer tropezón o al segundo o tercer disparo al pie, las cosas se le pueden complicar.
Patricia es una rival de temer, sobre todo porque es casi un secreto a voces que los detentadores del poder real están algo hartos del "loco" y estarían dispuestos a inclinar sus recursos a favor de quien, después de todo, es una Bullrich Pueyrredón.
Una observación en homenaje a memorias recientes considero necesaria formular: cuando Patricia disputó la candidatura presidencial en 2023, lo que los argentinos contemplamos, incluso con asombro, es a una mujer incapaz de elaborar dos ideas juntas, ni siquiera dos frases juntas. No sé si esa falta será irreversible o producto de circunstancias especiales.
Tal vez con una buena fonoaudióloga estas carencias se remedien. Entre el "pudió" de Kicillof, los despeñaderos verbales y lascivos del presidente y los farfulleos de Patricia, todo es posible en esta Argentina donde pareciera que resulta muy difícil, incluso para los aspirantes a las máximas investiduras, superar las más elementales exigencias de una prueba PISA.





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