En cuanto a la agenda de Cristina, se ocupó de dejar en claro que ningún mecanismo electoral que amenace el status quo permitido por el actual (en cuanto a fondos para impresión, distribución y portación de boletas, y usabilidad más controlable de las mismas) tendrá chances en la Cámara donde ella gobierna. Sobre todo si, para colmo, parece efecto de una afiebrada conspiración de los otros partidos, incompatible con las necesidades de la población (a diferencia de, parece ser, modificar la composición de los tribunales y de la propia Corte Suprema, o tirotear al Poder Ejecutivo, como si se tratase de los patos de las ferias de atracciones). En todo caso, no se advierte por qué si sus preocupaciones están centradas en las urgencias económicas y sociales (cuya responsabilidad también asigna a "otros", quienquiera que sean), le dedicó tanta atención a ese tema secundario, como si se tratara de una amenaza.