Mucho antes de aparecer en el balcón de la Basílica de San Pedro como el papa León XIV, Robert Francis Prevost ya conocía la Argentina. Sus viajes no tuvieron la repercusión que hoy adquieren retrospectivamente, pero dejaron una huella en distintas comunidades de la Orden de San Agustín y en quienes compartieron con él celebraciones religiosas y encuentros pastorales.





































