Argentina enfrenta una realidad nutricional cada vez más compleja: mientras crecen los índices de sobrepeso y obesidad, persisten también problemas vinculados a la desnutrición y al retraso del crecimiento infantil.
Un informe nacional reveló que en distintas regiones del país coexisten altos índices de sobrepeso con problemas de retraso en el crecimiento infantil. Especialistas advierten sobre el impacto de la pobreza, la mala alimentación y el acceso desigual a alimentos saludables.

Argentina enfrenta una realidad nutricional cada vez más compleja: mientras crecen los índices de sobrepeso y obesidad, persisten también problemas vinculados a la desnutrición y al retraso del crecimiento infantil.
Un reciente relevamiento difundido por especialistas y organismos vinculados a salud pública mostró que ambas problemáticas conviven especialmente en sectores vulnerables y en distintas regiones del norte argentino.
El informe, basado en datos oficiales y análisis territoriales, expone un fenómeno conocido como “doble carga de malnutrición”, donde el exceso de peso y las deficiencias nutricionales aparecen al mismo tiempo dentro de una misma comunidad e incluso dentro de un mismo hogar.
La situación refleja el impacto de la desigualdad económica, los cambios en los hábitos alimentarios y las dificultades de acceso a alimentos nutritivos y de calidad.
Según el relevamiento, provincias del NOA y NEA aparecen entre las zonas donde más claramente se observa la coexistencia entre sobrepeso y retraso del crecimiento infantil.
En esos territorios, numerosos niños presentan baja talla para la edad —un indicador asociado a desnutrición crónica— mientras aumentan simultáneamente los casos de obesidad y exceso de peso.
Especialistas explican que esta aparente contradicción responde a múltiples factores. En muchos casos, las familias acceden principalmente a alimentos ultraprocesados, económicos y con alto contenido calórico, pero bajos niveles de nutrientes esenciales.
Como resultado, los niños pueden consumir suficientes calorías e incluso desarrollar sobrepeso, aunque continúen teniendo déficits nutricionales importantes.
El estudio advierte además que la malnutrición dejó de estar asociada únicamente a la falta de alimentos. Actualmente, la calidad de la alimentación aparece como uno de los principales desafíos sanitarios.
Dietas basadas en harinas refinadas, bebidas azucaradas y productos industrializados favorecen el aumento de peso, pero no garantizan el desarrollo adecuado durante la infancia.
En paralelo, el retraso del crecimiento sigue siendo uno de los indicadores más sensibles de pobreza estructural. Los especialistas remarcan que este problema suele originarse durante los primeros años de vida y puede tener consecuencias a largo plazo sobre el desarrollo físico, cognitivo y educativo.
Otro dato que preocupa es el crecimiento sostenido del sobrepeso infantil en todo el país. Argentina se encuentra entre las naciones de América Latina con mayores índices de obesidad en niños y adolescentes, una situación que incrementa el riesgo futuro de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial.
Los expertos señalan que la problemática no afecta únicamente a sectores de bajos ingresos, aunque sí se profundiza en contextos vulnerables donde el acceso a frutas, verduras, carnes y alimentos frescos resulta más difícil por cuestiones económicas o geográficas.
El informe también pone el foco en cómo la crisis económica impacta directamente sobre la alimentación cotidiana de millones de familias. El aumento del costo de los alimentos frescos y nutritivos obliga muchas veces a reemplazarlos por productos más baratos y rendidores, aunque tengan menor calidad nutricional.
Esta situación genera un círculo complejo: las personas consumen alimentos con alta densidad calórica para combatir el hambre inmediato, pero terminan desarrollando problemas de exceso de peso y déficits nutricionales al mismo tiempo.
Especialistas en nutrición infantil remarcan que el problema no puede abordarse únicamente desde una perspectiva médica individual. Consideran necesario avanzar en políticas públicas integrales que incluyan educación alimentaria, acceso a alimentos saludables y fortalecimiento de programas de asistencia nutricional.
Entre las estrategias señaladas aparecen la promoción de entornos escolares saludables, campañas para reducir el consumo de bebidas azucaradas y ultraprocesados, y mejoras en la calidad nutricional de comedores comunitarios y escolares.
También se destaca la importancia de la lactancia materna y los controles pediátricos durante los primeros años de vida, una etapa considerada clave para prevenir tanto el retraso del crecimiento como la obesidad infantil.
La Organización Mundial de la Salud viene alertando desde hace años sobre el crecimiento de la “doble carga de malnutrición” en países de ingresos medios, donde conviven problemas históricamente vinculados a la pobreza con enfermedades asociadas al exceso de peso y al sedentarismo.
En Argentina, los especialistas advierten que el escenario exige una mirada más amplia sobre la alimentación y la salud pública. Ya no se trata únicamente de combatir el hambre, sino también de garantizar que niños y adolescentes puedan acceder a una nutrición adecuada y equilibrada.
El desafío aparece atravesado por múltiples factores: inflación, pobreza, acceso desigual a alimentos frescos, cambios culturales en los hábitos de consumo y una creciente presencia de productos industrializados en la dieta cotidiana.
Mientras tanto, el informe vuelve a mostrar una realidad que preocupa a profesionales de salud y organismos internacionales: en distintas regiones del país, la obesidad y la desnutrición ya no son problemas opuestos, sino fenómenos que muchas veces avanzan juntos y reflejan las profundas desigualdades sociales y alimentarias que atraviesa Argentina.




