Todo comenzó cuando la participante le presentó su plato al exigente jurado y aseguró que Betular le había pedido que hiciera zucchini salteado. El chef, sin dudar, negó dos veces esa sugerencia.
El estudio pareció transformarse cuando dos de los jurados protagonizaron un tenso cruce durante la devolución del plato que presentó La Joaqui. Ante el primer comentario, el aire se espesó, como si la cocina entera contuviera la respiración.

Todo comenzó cuando la participante le presentó su plato al exigente jurado y aseguró que Betular le había pedido que hiciera zucchini salteado. El chef, sin dudar, negó dos veces esa sugerencia.
La primera devolución fue la de Donato de Santis. Su tono resultó amable, un remanso antes de la tormenta. Pero cuando llegó el turno de Damián Betular su opinión trajo matices. Probó la comida, reflexionó y lanzó su veredicto: “Falta algo, no termino de definir qué. Pero a lo que ibas a hacer hay un paso, hay un trabajo”. Cerró con dos palabras que parecieron abrir un abismo: “Buen trabajo”.
Llegó el momento de Germán Martitegui. Su análisis no tardó en mostrar la grieta. “Para mí hay dos cosas completamente desconectadas acá, la sopa fría como una brisa de verano y después están todos los porotos y las arvejas que te pidió Betular, que están como sobrecocidos, es como un guiso abajo, las arvejas no están en su punto, las arvejas no tienen sabor, el kale no está crocante”. Las palabras cayeron como cuchillos afilados.
El silencio se hizo cuando Martitegui quedó sorprendido ante el gesto de Betular. El pastelero, visiblemente molesto, no tardó en defenderse: “Mi kale estaba crocante”. En ese instante, ante la mirada atenta de todos, Martitegui tomó un trozo del plato de presentado por La Joaqui y lo movió frente a las cámaras, decidido a demostrar su punto: para él, esa hoja verde no tenía la textura adecuada. La tensión se cortaba en el aire. Martitegui remató, seco, lapidario: “No quiero hablar más”.
El clima se tornó tan denso que la conductora intervino para aliviar el ambiente. “No se peleen por un pedazo de hojas verdes”, dijo Wanda, con una sonrisa forzada, intentando devolver la calma al set. Ambos jurados, de inmediato, aclararon que no se trataba de una pelea, sino de un debate técnico. ¿Pero acaso el público creyó en esa explicación?
Cachete Sierra ingresó para recibir su devolución, pero la discordia no se apagó. Esta vez Betular afirmó sentir incomodidad con el puré de arvejas. Martitegui, casi en un reflejo, se distanció: “Casualmente, a mí la parte que menos me incomoda es la del puré de arvejas, me parece que es la más lograda”. ¿Era solo una diferencia profesional o algo más profundo se cocinaba entre ambos?
Finalmente, cuando Miguel Ángel Rodríguez presentó su plato, la propia Wanda Nara no pudo evitar la ironía. En tono de broma, lanzó: “Parece que el jurado volvió a coincidir, uniste al jurado Miguel, eso es algo muy hermoso. Los tres coincidieron en que tu plato te lleva a la gala de eliminación”. El comentario arrancó sonrisas, pero no disipó la sensación de que la tensión entre Betular y Martitegui había dejado una huella imborrable en la noche.
En lo que respecta a la competencia, Ian Lucas se alzó como el único que logró superar la ronda sin pasar sobresaltos. Su plato convenció al jurado y le aseguró un lugar en la próxima etapa. El joven celebró con alivio, mientras las cámaras enfocaban su sonrisa y el aplauso de sus compañeros resonaba en el estudio. ¿Cuánto pesa ese instante de tranquilidad en un certamen donde todo puede cambiar de un momento a otro?





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