En este ejemplo, Macarena no se desprende de un caramelo con el gusto de convidarme ni por el placer de dar, sino que se lo saca de encima porque no le gusta y, entonces, no lo quiere. En vez tirarlo me lo da a mí, “quedando bien” porque me lo dio. Muy probablemente (lamentable, por cierto), ante esto no faltará quien diga: “encima que te da, te quejás” o “agradecé que te está dando”… sin poder reparar en que el quid de la cuestión no está en la cáscara del receptor sino en el carozo del dador. Dar porque eso que doy a mí no me gusta, en cierto modo, desacredita a quien lo está recibiendo, ya que lo disminuyo y desestimo. Indiscutiblemente, es un proceder despectivo y de menosprecio, por más disfraz de bondad que calce a la hora de hacerse presente.