Cada 1° de agosto, la ruda vuelve a ocupar un lugar como parte de una tradición popular asociada a la protección y a la buena salud. Se prepara en forma de infusión y, para muchas personas, tomarla es un ritual que se repite año tras año. El problema aparece cuando una costumbre cultural se confunde con una práctica inocua: que una planta sea natural no significa que sea segura para consumir.






































