La forma en que cada persona duerme no solo influye en la calidad del descanso, sino que también puede ofrecer pistas sobre su personalidad. Así lo sugieren distintos especialistas en sueño y estudios de comportamiento, que identifican patrones entre las posturas más habituales —de costado, boca arriba o boca abajo— y ciertos rasgos emocionales o sociales.


































