Uno se imagina lo que hubiera sido el estadio José Fierro sin pandemia. Miles y miles de tucumanos/decanos aplaudiendo a más no poder y con las gargantas rojas: la misma noche que se da la vuelta al casa del hijo más querido (o sea el "Pulga" Rodríguez) se despide y dirige su último partido en Tucumán el técnico más exitoso (o sea el "Vikingo" Ricardo Zielinski). Claro que todo éso ocurrió con el reducto vacío, apenas un puñado de periodistas y dirigentes como testigos, además de la tele.
































