Los herbicidas hormonales, como 2,4-D, dicamba y picloram, constituyen una herramienta fundamental para el control de malezas de hoja ancha en los sistemas agrícolas argentinos.
Un informe de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid advirtió sobre el aumento de casos de fitotoxicidad en cultivos sensibles como algodón, girasol y hortalizas, asociados al uso inadecuado de herbicidas hormonales. La entidad remarcó la importancia de la calidad de aplicación y de las buenas prácticas para reducir riesgos productivos.

Los herbicidas hormonales, como 2,4-D, dicamba y picloram, constituyen una herramienta fundamental para el control de malezas de hoja ancha en los sistemas agrícolas argentinos.
No obstante, un reciente informe de la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid encendió una señal de alerta: en las últimas campañas se incrementaron los casos de fitotoxicidad en cultivos sensibles, vinculados principalmente a aplicaciones inadecuadas de estos productos.
Según detalla el documento, los daños se registraron en cultivos como algodón, girasol, legumbres, vid, frutales, hortalizas y soja no tolerante, tanto en aplicaciones realizadas en barbechos como en sistemas que incorporan cultivos genéticamente tolerantes a estos herbicidas.
La REM explicó que la incorporación de tolerancia a herbicidas hormonales mediante biotecnología, especialmente en cultivos implantados durante los meses más cálidos del año, incrementó los riesgos de volatilización y deriva.
A esto se suma una mayor frecuencia de uso y la alta sensibilidad de determinados cultivos, un combo que explica el aumento de conflictos productivos y el avance de regulaciones provinciales más estrictas.
Dentro de este escenario, el algodón aparece como uno de los cultivos más afectados. Incluso exposiciones a dosis extremadamente bajas pueden provocar daños severos, que se agravan cuando la deriva ocurre en estadios avanzados del cultivo, reduciendo significativamente su capacidad de recuperación.
Los herbicidas hormonales actúan imitando a las auxinas, hormonas vegetales que regulan el crecimiento. En plantas susceptibles, esta acción genera un desarrollo descontrolado, con síntomas muy característicos.
Entre los signos más frecuentes de fitotoxicidad se destacan: Enrollamiento de hojas en forma de “cucharita”. Tallos y pecíolos retorcidos. Reducción del crecimiento y acortamiento de entrenudos. Aborto floral y deformación de órganos reproductivos y Pérdidas significativas de rendimiento.
En el caso del algodón, el síntoma más distintivo es la malformación foliar conocida como “hoja pata de rana” o “en abanico”, acompañada por aborto de botones florales y deformación de cápsulas, con impactos directos sobre la productividad.
Más allá de las normativas vigentes, el informe subraya que la calidad de aplicación sigue siendo el principal factor para minimizar el movimiento fuera del blanco y proteger cultivos vecinos.
Entre las principales recomendaciones, la REM de Aapresid destaca: Aplicar sólo bajo condiciones climáticas adecuadas, evitando altas temperaturas, baja humedad relativa, vientos intensos e inversiones térmicas. Priorizar formulaciones menos volátiles, como ácidos o sales, en lugar de ésteres.
Utilizar boquillas y presiones que reduzcan la generación de gotas finas y respetar la altura correcta del botalón.
Cumplir con distancias mínimas y zonas de amortiguamiento respecto de cultivos sensibles. Realizar una limpieza exhaustiva de los equipos para evitar contaminaciones cruzadas.
Desde Aapresid señalaron que el desafío actual pasa por lograr una convivencia segura entre tecnologías de control altamente eficaces y sistemas productivos cada vez más diversos.
En ese contexto, el uso responsable de herbicidas hormonales, el cumplimiento estricto de las buenas prácticas agrícolas y la correcta toma de decisiones a campo resultan determinantes para evitar daños y sostener la productividad.




