Jorge Burruchaga y aquel gol en la final de México ’86, hace 40 años, ya son un patrimonio cultural que se transmite de generación en generación y marca a fuego la identidad del fútbol argentino. Fue ganar con el corazón en la mano, porque el partido se había complicado muchísimo. Argentina daba cuenta de Alemania en el Azteca por 2 a 0, pero los dos goles alemanes provocaron un espasmo y un estado de estupor tremendo. Los alemanes todavía estaban festejando el gol de Vöeller cuando faltaban nueve minutos para que el partido se termine. Habían estado tan cerca de la gloria, que parecía escaparse de las manos. Sin embargo, Burruchaga miró a Maradona cuando iban a sacar de la mitad de la cancha y le dijo: “Ahora vamos y lo ganamos”. Y así fue. Poquitos minutos después, llegó la habilitación de Diego para dejarlo a Burruchaga cara a cara con Schumacher ante la corrida desesperada del grandote Briegel que no pudo alcanzarlo. La corrida de Burruchaga y ese festejo arrodillado es una imagen eterna que todas las generaciones de argentinos podrán contemplar como lo que fue: un logro fenomenal con un jugador como Maradona convertido, a partir de allí, en una verdadera leyenda.






































