Franco Colapinto, el piloto argentino que está causando furor en la Fórmula 1, volvió a mostrar su carisma fuera de las pistas en una entrevista con Amelia Dimoldenberg para su canal de YouTube.
La joven estrella de Alpine participó del popular segmento "Passenger Princess", donde intentó enseñarle a conducir a la presentadora británica Amelia Dimoldenberg. El encuentro dejó momentos desopilantes que incluyeron bromas de doble sentido, rituales de carrera y un "besito a la pared" durante el estacionamiento.

Franco Colapinto, el piloto argentino que está causando furor en la Fórmula 1, volvió a mostrar su carisma fuera de las pistas en una entrevista con Amelia Dimoldenberg para su canal de YouTube.
En un video titulado "Passenger Princess", Colapinto asumió el rol de instructor de manejo para la presentadora, quien confesó abiertamente: "Obviamente no sé cómo conducir, no tengo licencia". A pesar de no tener registro, Amelia mencionó que ha tenido "lecciones" previas con figuras como Charles Leclerc (Ferrari) y ha estado al volante de monoplazas de McLaren y Mercedes.
Uno de los puntos más divertidos fue cuando Franco introdujo a la británica en las costumbres de su país. Al hablar del mate, Amelia confesó ser una adicta al té, a lo que Franco replicó: "Tomo mate todo el día... soy un adicto. Es mejor ser adicto a eso que a otra cosa".
La conversación escaló cuando ella le preguntó si lo bebía mientras corría. Colapinto, siguiendo la broma, aseguró que es el único piloto con una bombilla diseñada especialmente para él dentro del auto.
La gastronomía argentina también dio lugar a un malentendido viral. Franco intentó explicar qué es el asado, definiéndolo como una "barbacoa argentina muy especial". Cuando Amelia dijo que no era fan de la carne roja, Franco le aseguró que cambiaría de opinión al probarla, lo que derivó en una picante respuesta de la presentadora: "Después de que coma tu carne".
Visiblemente avergonzado pero entre risas, el piloto aclaró rápido: "No mi carne, sino la carne de alguien... perdón". Ante la negativa de Amelia por la carne roja, ambos coincidieron en su gusto por los chicken nuggets.
La lección de manejo fue, cuanto menos, accidentada. Entre confusiones con los limpiaparabrisas y el acelerador, Franco intentó guiar a Amelia para estacionar cerca de un muro. "Un poquito más... un besito a la pared", la alentó el piloto mientras el auto emitía señales de alerta por la cercanía del impacto.
El piloto también le dio consejos poco convencionales, afirmando que "los espejos son inútiles, solo necesitas mirar las cámaras".
Durante el trayecto, la charla pasó por temas personales. Franco recordó su dura infancia viviendo en una fábrica en Italia tras mudarse desde Argentina a una edad muy temprana. También bromeó sobre su edad, diciendo que tenía 17 años (aunque Amelia notó que parecía de 20), y hasta bromeó con que planeaba una cirugía para cambiarse el color de ojos a negro* porque no le gustaban los suyos.
Más allá de las risas, Colapinto compartió sus rituales antes de competir. Aunque dijo no ser extremadamente supersticioso, confesó que siempre sube al auto por el lado derecho y se coloca primero el guante y la bota derecha para "empezar en la dirección correcta".
También destacó que dormir es clave para él, asegurando que descansa unas 9 horas por noche, algo en lo que coincidió con la presentadora.
El encuentro cerró con una nota de complicidad absoluta. Amelia bromearon sobre la altura del piloto —quien mencionó que ser alto es una desventaja en la F1— y ambos descubrieron que comparten el rosa como color favorito. Para finalizar, en un tono humorístico, Amelia le "robó" momentáneamente su costoso reloj y bromeó con quedarse también con el auto de la entrevista.
Con esta participación, Colapinto no solo demostró su talento para el humor, sino que consolidó su imagen como una de las personalidades más frescas y auténticas del deporte motor actual.





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