Industriales y comerciantes coinciden en señalar el mismo problema en la marcha de la economía argentina: faltan compradores capaces de transformar la estabilización macroeconómica en una recuperación sostenida de la actividad interna.
El INDEC detectó carteras de pedidos deprimidas, dificultades de acceso al crédito y expectativas negativas en las fábricas. Las fábricas anticipan menos producción hasta noviembre; el comercio espera leves mejoras aunque sin efecto en el empleo.

Industriales y comerciantes coinciden en señalar el mismo problema en la marcha de la economía argentina: faltan compradores capaces de transformar la estabilización macroeconómica en una recuperación sostenida de la actividad interna.
Las dos Encuestas de Tendencia de Negocios publicadas este lunes por el INDEC permiten observar la coyuntura desde las propias empresas. Una releva a la industria manufacturera y la otra a supermercados y autoservicios mayoristas, con información de agosto y expectativas para septiembre-noviembre.
La señal resulta consistente con las últimas estadísticas oficiales: el PBI cayó 0,6% contra el primer trimestre, el consumo privado retrocedió 2,4% y la inversión 0,8%, mientras la industria venía trabajando en julio con sólo 58,2% de su capacidad y registra la principal caída de empleo formal.
La respuesta de los industriales es contundente. Consultadas sobre el factor más importante que limita la posibilidad de aumentar la producción, 53,6% de las empresas señaló una “demanda interna insuficiente”. Tres meses antes eran 53,2%.
Muy atrás aparece la competencia de productos importados, mencionada por 10,1%; la incertidumbre económica, 6,7%; los problemas financieros, 4,4%; y la insuficiencia de la demanda externa, apenas 3,7%. Sólo 6,7% respondió no tener ninguna restricción.
Es un dato significativo porque ubica el principal problema lejos de restricciones clásicas de oferta como falta de equipos, materias primas, energía o trabajadores. La industria tiene capacidad para producir, pero no encuentra suficiente demanda para utilizarla.
La encuesta de los comerciantes devuelve casi la misma imagen. Entre supermercados y autoservicios mayoristas, 59,6% indicó a la demanda como principal limitación para aumentar su actividad. El costo laboral aparece segundo, con 20,2%, seguido por el financiamiento, con 6,7%.
La coincidencia une dos extremos de la cadena: quienes fabrican y quienes venden encuentran la mayor dificultad del mismo lado del mostrador.
La industria llega además a los últimos meses del año con expectativas negativas. El Indicador de Confianza Empresarial del sector fue de -20,2% en agosto, deteriorándose respecto del -17,2% de julio. Más de la mitad de las empresas, 52,9%, considera que su cartera de pedidos está por debajo de lo normal y apenas 2,2% la ubica por encima.
La evaluación general tampoco mejora demasiado: 30% considera mala la situación actual de su negocio y sólo 7,7% la califica como buena. En materia financiera, 25,3% describe una situación mala y 11% una buena; además, 31,4% considera difícil acceder al crédito, frente a sólo 6% que lo considera fácil.
El problema se proyecta hacia noviembre. Sólo 15,4% espera aumentar el volumen de producción, mientras 19,7% prevé reducirlo. Para la demanda interna el balance es todavía más negativo: 23,8% anticipa menores pedidos y 13,8% una mejora.
El sector externo vuelve a marcar una diferencia. Ante la consulta sobre exportaciones, 18,2% espera aumentarlas y 17,1% reducirlas, dejando un balance apenas positivo de un punto.
La cautela empresaria empieza a proyectarse directamente sobre el trabajo.
Para septiembre-noviembre, apenas 3,7% de los industriales espera aumentar su dotación, contra 16,5% que proyecta reducirla. Casi ocho de cada diez prevén mantenerla sin cambios. El balance queda así en -12,8 puntos.
La misma tendencia aparece en la intensidad de utilización del personal: 17% anticipa una reducción de las horas trabajadas y sólo 5,8% espera aumentarlas.
Es una señal para seguir en el cordón industrial santafesino donde la actividad metalúrgica tiene un peso específico. En julio, este último bloque había utilizado apenas 38,3% de su capacidad instalada, el nivel más bajo de todos los sectores relevados por el INDEC y donde se registraron las mayores subas del desempleo a nivel nacional.
Supermercados y mayoristas muestran una diferencia: la situación presente sigue siendo débil, pero las expectativas mejoran.
Sólo 7,9% calificó como buena la situación comercial de agosto y 28,1% como mala, con un balance de -20,2 puntos. Sin embargo, para septiembre-noviembre 19,1% espera una mejora y apenas 6,7% un empeoramiento, dejando un balance positivo de 12,4.
Ese optimismo todavía no se convierte en decisiones expansivas. Los pedidos a proveedores presentan un balance de -4,5 puntos y, en materia laboral, 13,5% de las empresas prevé reducir personal contra sólo 2,2% que anticipa aumentarlo.
El crédito tampoco aparece como motor. Para 36% de supermercados y mayoristas el acceso al financiamiento es difícil y sólo 3,4% lo considera fácil. A la vez, 62,9% espera aumentar sus precios de venta durante los próximos tres meses.





Un hombre murió mientras cortaba el pasto en un loteo de Arroyo Leyes
Cómo quedó el medallero de los Suramericanos 2026 tras la actividad del domingo
Detuvieron a un hombre por robar en la casa de un futbolista de Unión
Frenarán una cascada del Saladillo con dos gigantescas pantallas bajo tierra a 33 metros
Incendio en una concesionaria de autos usados en el norte de Santa Fe