En una mañana de frío, fueron ellas las que llevaron el calor. Apenas cruzaron la puerta de la salita de 3 años del Jardín Municipal de Barranquitas Sur, dijeron “¡sorpresa!” y las caritas se iluminaron. Entonces empezó algo difícil de explicar con palabras: un intercambio mágico y generacional donde los cuentos dejaron de ser solamente historias para convertirse en abrazos, miradas y memorias compartidas entre abuelas y niños que recién empiezan a descubrir el mundo.
































