Para el 329 a. C., el rey persa Darío III y los sátrapas de Bactria ya habían muerto, cuando Alejandro Magno reinaba sin resistencias aparentes en Asia Central. Excepto por sogdianos refugiados en un “nido de águila”, en las montañas Hisar, en el extremo Este de lo que hoy es Tayikistán/Uzbekistán. Es una delicia escuchar las conferencias de la historiadora Eva Tobalina repasando los hechos.







































