El desempleo juvenil es, probablemente, una de las consecuencias sociales más dañinas y duraderas de las políticas económicas del gobierno de Milei. Entre quienes ingresan al mercado laboral, alimenta una frustración que puede derivar en una generación de jóvenes enojados. Muchos ya comenzaron a transitar el camino del exilio, como muestran las estadísticas, frente a un régimen que, en el mejor de los casos, les ofrece apenas ingresos de subsistencia y que, por ahora, no cuenta con nada ni nadie capaz de canalizar racionalmente ese malestar ni de mostrarles una luz al final del camino.




































